Educarte para valorarte

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sábado, 5 de abril de 2014

Resiliencia

Hoy me gustaría hablar acerca de un término muy en boga en el ámbito educativo y que yo, personalmente, descubrí hace poco, la «resiliencia».

¿Qué es la «resiliencia»?

«La resiliencia puede definirse como la capacidad de recuperarse, sobreponerse y adaptarse con éxito frente a la adversidad, y de desarrollar competencia social, académica y vocacional pese a estar expuesto a un estrés grave o simplemente a las tensiones inherentes al mundo de hoy». (Nan Henderson y Mike M. Milstein)

En la actualidad, la mayoría de nuestros alumnos encuentran en su entorno familiar las condiciones de protección y los modelos que necesitan para desarrollarse. Tristemente, esto no es así en todos los casos, lo que hace que el desarrollo evolutivo de estos niños y adolescentes no se produzca siempre de la forma adecuada, lo que provoca en ellos problemas de índole social y académica. Por lo tanto, es aquí donde toma importancia el término resiliencia en el ámbito educativo. En palabras de la filósofa Victoria Muñoz Garrido y del pedagogo Francisco de Pedro Sotelo, «la resiliencia se nos presenta como una nueva forma de prevención, como una nueva forma de mirar buscando la luz entre tantas sombras».

Como ya puse de manifiesto en mi primera entrada, mi idea acerca de la educación va más allá de la pura transmisión de contenidos. En cambio, apuesto más por la transmisión de valores y otro tipo de «contenidos» de componente psicológico, social, etc. Es por ello que considero la resiliencia como algo fundamental y que todos los docentes deberían tener en mente a la hora de dar clase. Recordad, estamos trabajando con personas, no máquinas ni animales, aunque así lo piensen muchos.

Eso sí, para poder educar en la resiliencia debemos predicar con el ejemplo. ¿Qué quiero decir con esto? Solo siendo docentes resilientes podrán nuestros niños (así es como me gusta a mí llamarles) encontrar en nosotros un modelo positivo para ellos. No olvidéis tampoco que los profesores pueden producir grandes cambios en las vidas de sus alumnos. ¿Acaso no hemos tenido todos un maestro al que siempre recordaremos por lo que nos enseñó o por cómo nos trató? Ese es el maestro que debemos intentar ser, un docente que ejerza una fuerte influencia en la vida de sus estudiantes, que les brinde afecto, que les trate de manera humana y que, sobre todo, les enseñe a comportarse de manera compasiva. ¿Recordáis lo que decía en mi anterior entrada sobre la empatía? ;)

Todo esto hará que consigamos alumnos también resilientes a los que les guste ir a la escuela y hagan de esta su segundo hogar. Para aquellos que sigan preocupados por los resultados académicos, ¿no creéis que si creamos alumnos resilientes las notas mejorarán? ¡Claro que sí! ¡Y no sólo en número, sino que el aprendizaje producido será significativo! Esta forma de aprendizaje es la única que debe interesarnos. Si el profesor se dirige a sus niños con tono humano y es quien de crear un ambiente de aprendizaje agradable donde exista el respeto y la amabilidad logrará que sus estudiantes estén motivados y se sientan realizados personalmente.

Docentes de lenguas, ¿por qué no enseñar a nuestros niños destrezas como el humor, el afecto, la aceptación de uno mismo, la alegría, el amor, la fantasía, etc. a través del inglés, del francés, del catalán, del alemán, del gallego o de cualquier otra lengua de la que seáis profesores? Al igual que el speaking, writing, reading y listening, estas son destrezas que también pueden ser enseñadas, aprendidas y desarrolladas.


Eso sí, como dije antes, es importante no olvidar que si queremos que nuestros alumnos sean resilientes, nosotros mismos debemos predicar con el ejemplo y ser resilientes. Para ello, debemos tener claro en nuestra mente que no hay resiliencia si no hay un «quiero vivir mejor», un «quiero ser mejor persona». 

¿Y tú? ¿Eres resiliente? Al igual que la educación, está en tus manos.






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