Educarte para valorarte

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miércoles, 9 de abril de 2014

Aprender a través de la risa es posible

Hoy comparto con vosotros un artículo publicado en el periódico británico The Guardian sobre la risa en el aula. La traducción ha sido realizada por mí. Espero que os guste.

Cuando preguntamos a la mayoría de profesores de lengua con experiencia acerca de la risa y el humor, éstos admiten, sin problema alguno, fomentar ambos  elementos en sus clases. ¿Cuál es, pues, el papel del humor espontáneo y no planeado, es decir, de esos momentos en los que toda la clase ríe a carcajadas antes de volver a ponerse con la tarea en la que estaban trabajando?

Durante los primeros días del curso, cuando conocen a sus alumnos por primera vez, los profesores de lengua transmiten muchos mensajes ocultos a través del lenguaje corporal, esto es, su conducta general y la manera en la que se dirigen a sus alumnos. Un mensaje claro (normalmente implícito) está relacionado con el tipo de ambiente que pretenden crear y fomentar en el aula.

Para crear un espíritu de informalidad en sus clases, estos profesores intentan reducir la distancia social que existe entre ellos y sus alumnos. Para lograrlo, se muestran amigables y accesibles ante sus estudiantes. Con una sonrisa, animan a los alumnos a hablar y a reconocer sus esfuerzos, siendo comprensivos con los errores que cometen.

A veces también hacen ver con humor a sus estudiantes que ellos mismos tienen dificultades con la pronunciación de algún sonido. Si cometen un error en el encerado (tal y como les sucede en ocasiones a la mayoría de docentes), lo tratan con humor y muestran que se avergüenzan de ello – esto lo hacen también para demostrar que los errores son una parte natural del proceso de aprendizaje.

Cuando un profesor tiene que llamar la atención a un alumno, tiende a hacerlo de manera firme, pero con tacto, y volviendo a lo que estaba explicado lo antes posible (aplicando la disciplina con humor reduce el riesgo de enemistarse con los alumnos más difíciles de llevar).

Los aprendices de una lengua son capaces de captar rápidamente el mensaje de que su profesor acoge bien la risa y el humor espontáneos en el aula (siempre y cuando se trate de “reírse con” y no “reírse de”). Si sienten que el profesor les da permiso para reírse, de inmediato muchos alumnos comienzan a relajarse y a comportarse de manera positiva.

No todas las clases de lengua responden de la misma manera y al instante a las iniciativas de humor llevadas a cabo por sus docentes. Algunos alumnos se muestran relativamente indiferentes a lo largo de las clases por un gran número de razones. A veces les lleva más tiempo relajarse y recibir bien el humor.

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Los profesores de lengua utilizan un gran número de técnicas específicas para asegurarse de que en sus clases sigue abundando la risa. Durante las primeras clases del curso, los docentes con más experiencia permanecen alerta para detectar a los estudiantes más extrovertidos y espabilados y desarrollar con ellos una relación más dicharachera.

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Con los años, los profesores con más rodaje ponen en práctica técnicas que han sido comprobadas. Éstas se traducen en forma de expresiones faciales, gestos exagerados, juegos de palabras, chistes ya conocidos, etc. que controlan debido a su experiencia y que saben que provocarán la risa suponiendo una inyección de vitalidad en el aula. También saben qué actividades interactivas relacionadas con  la lengua son las que más vida darán a la clase. Sin embargo, son conscientes de que sus estudiantes pueden sobre-excitarse y que la risa puede llevar al descontrol.

A medida que van progresando, las clases de lengua desarrollan sus propias culturas individuales: los alumnos comparten y comprenden las diferentes personalidades, pasiones y los puntos fuertes y débiles  de sus compañeros. Cada clase desarrolla  también una memoria colectiva de distintos incidentes que han tenido lugar en una clase concreta. Este sentimiento de intimidad permite que haya pequeños  estallidos de risa que son evocados por algún referente (ya sea el profesor o un alumno) y que vienen dados por situaciones anteriores que les parecieron graciosas.

Sin duda alguna, el humor es una fuerza poderosa en cualquier situación y un fenómeno altamente complejo. Sin embargo, hay casos en los que el humor es perjudicial para el bienestar de los individuos. La burla es uno de esos casos. Mientras que a algunos alumnos no les importa estar en un primer plano (por ejemplo, cuando se les pone un mote), a otros sí. Las bromas que en un principio parecían graciosas ahora pueden no resultarlo tanto. La mayoría de los profesores que incluyen la burla en su repertorio personal de técnicas que fomentan la risa se echan rápidamente para atrás cuando ven que están ofendiendo a alguien.

A pesar de que la risa tiene el potencial de ser usada de manera imprudente, los profesores de lengua con experiencia la ven como un algo positivo para sus clases. Éstos acogen bien la risa de toda la clase y la fomentan. Para estos docentes los pequeños estallidos de risa son esenciales y un signo tranquilizado en el sentido de que su clase está funcionando de manera unida y responsable.

Estos profesores saben que una buena enseñanza va mucho más allá de un dominio excelente de técnicas. Ésta requiere hacer que cada clase funcione de la manera más colectiva posible. Un uso del humor acertado es una gran manera de animar a los alumnos a convertirse en un grupo social alegre, en el que se apoyen mutuamente y en el que haya un buen ambiente.

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Fuente: The Guardian (http://www.theguardian.com/education/2007/dec/05/tefl2)

Traducción: Emilio López López (autor del blog) 

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