Educarte para valorarte

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domingo, 6 de noviembre de 2016

El cerebro adolescente

"Si de veras llegásemos a poder comprender, ya no podríamos juzgar".
                                                           André Malraux

En la entrada "(Pre-) Adolescente. El rebelde incomprendido" compartí con vosotros mi experiencia de profesor con la preadolescencia (de los 9 a los 12 años) y la adolescencia (de los 13 a los 21) dándoos algunas herramientas para poder implementar en el aula y que vuestra convivencia con este tramo de edad fuese más enriquecedora. La mayoría de estas herramientas y consejos tenían una premisa común: la comprensión de cómo funciona la adolescencia. Si no conocemos algo, ¿cómo podemos pretender trabajar con ello? 

Lo cierto es que existen mitos muy arraigados en la sociedad en general acerca de la adolescencia ("¡Tienen las hormonas revolucionadas! ¡Actúan sin pensar!"; "Es muy inmaduro, se cree que lo sabe todo, quiere actuar como un adulto, pero es que todavía no lo es"). Podríamos resumir estos mitos en los dos siguientes:

· "Los comportamientos de riesgo en la adolescencia tienen que ver con los desequilibrios hormonales y la impulsividad que se produce en esta etapa". 

· "El centro de control del cerebro, la corteza prefrontal situada en la parte del lóbulo frontal, no acaba de madurar hasta el final de la adolescencia. Esta 'inmadurez' de la corteza prefrontal del cerebro explica la conducta 'inmadura' de los jóvenes".

Como podemos observar, el filósofo Blaise Pascal estaba en lo cierto cuando afirmaba que "el hombre está siempre dispuesto a negar todo aquello que no comprende". Por esta razón, hoy quiero acercarme un poco más a la adolescencia e intentar comprenderla desde un punto de vista más científico para así entender cuáles son los cambios que se producen en el cerebro del adolescente que lo llevan a actuar de cierta manera y para desenmascarar los juicios que existen hacia esta etapa y que en un gran número de ocasiones hacen que se bloquee la comunicación entre generaciones.

La necesidad de gratificación

Es sabido que los adolescentes se sienten atraídos por las experiencias emocionantes y las sensaciones estimulantes, pero... ¿a qué se debe esta atracción? 

Durante la adolescencia se produce un gran aumento de los circuitos neurológicos que utilizan la dopamina (un neurotransmisor que regula la motivación: lo que nos interesa, motiva y también desmotiva) y que, por tanto, nos hace sentir una enorme necesidad de gratificación

¿Cómo se manifiesta este necesidad de dopamina en la adolescencia?

Produciéndose:

- Un aumento de la impulsividad: el pasar a la acción sin una reflexión previa.

- Un aumento de la susceptibilidad a la adicción: drogas, alcohol, comida rápida (azúcar)... de lo cual se aprovechan muchas empresas privadas y del mundo de la alimentación.

- La aparición la hiperracionalidad: poner más énfasis en los beneficios de una situación que en los riesgos que ésta conlleva. Solo se ven los hechos de una situación, en lugar de su totalidad, su contexto, es decir, los centros de evaluación del cerebro le dan menos valor a la importancia que tiene un resultado negativo y amplifican la importancia de un resultado positivo. Esta hiperracionalidad se ve todavía más acentuada si tenemos en cuenta la gran influencia que tiene el querer ser aceptado por el grupo de iguales en la adolescencia. Un ejemplo sería un adolescente que decide saltar al agua desde una roca en la playa tras ver a sus amigos que ya lo han hecho. Como vemos, está dándole más importancia al resultado positivo de su acción ("es algo novedoso y además voy a quedar bien delante de mis amigos") que al negativo ("si caigo mal puedo tener una lesión grave o incluso no contarlo") y, por tanto, salta. Por tanto, la hiperracionalidad  es algo  mucho más complejo que un impulso, aunque es modelada por éste.

La transformación del cerebro

Desde ya hace unos años se están llevando a cabo algunos estudios sobre el funcionamiento del cerebro y de las neuronas que han demostrado que todos nacemos con un determinado número de neuronas y que, contrariamente a lo que pueda parecer, lo que hace que una persona sea más o menos inteligente no es este número de neuronas, sino las conexiones (sinapsis) que se establecen entre ellas. El periodo en que más conexiones neuronales se llegan a completar es en la infancia, desde que el niño nace hasta los 7 años de edad. En esta etapa se produce una superproducción de neuronas y conexiones sinápitcas, es lo que se conoce como la "génesis del genio".

¿Qué sucede cuando llega la adolescencia? Se producen dos cambios sustanciales que se conocen como la remodelación del cerebro:

1. La poda neuronal: todas las neuronas que no se hayan conectado a lo largo de estos primeros años de vida empiezan un proceso de degradación que culmina con su pérdida. Esta desaparición de neuronas y de sus conexiones viene determinada por la experiencia de la persona, es decir, el cerebro conserva las neuronas que usa y descarta las que no necesitamos, "se especializa". De ahí que, si por ejemplo, queremos hablar bien una lengua o tocar un instrumento lo ideal es que lo empecemos durante la infancia y lo repitamos en el tiempo o después nos será mucho más difícil.

2. Mielinación: Aparece la mielina, una envoltura que cubre las membranas entre las neuronas interconectadas para facilitar el flujo de información entre neuronas, haciendo que este sea más rápido, más eficiente y más coordinado. 

El objetivo de esta transformación cerebral es, por tanto, que las diferentes áreas del cerebro se especialicen más y se interconecten entre sí de manera más eficiente, o lo que es lo mismo, lograr un cerebro integrado. Esta integración será la que permitirá al adolescente ir transcendiendo la hiperracionalidad de la que hablábamos antes y desarrollar lo que Daniel Siegel denomina "pensamiento esencial", es decir, que ahora, como los adultos, revisará todos los detalles de una situación para encontrar la evaluación más sensata de una situación y no inclinará la balanza hacia los resultados positivos poseído por la dopamina. 

Una etapa de cambios

Acabamos de ver que en la adolescencia se producen cambios sustanciales en la estructuración del cerebro, pero es que además, como ya sabemos, también se  produce otro tipo de alteraciones: en la fisiología, en las hormonas, en los órganos sexuales... Todo ello la convierte en una etapa complicada y difícil para el que la está viviendo, que le hace sentir que desde fuera lo ven como si estuviese "perdido" o "fuera de control", bajar su autoestima y desear que se termine cuanto antes.

Siempre que hablo con alguien sobre su adolescencia me dice que la recuerda como una etapa horrible y que no desearía volver a pasar por ella. ¿A qué se debe esta visión negativa tan generalizada? Seguramente a una falta de desconocimiento y comprensión de la estructura y funcionamiento del cerebro en general y, en concreto, de esta etapa de la vida, lo que provoca que a menudo los adolescentes se aislen por completo con su grupo de iguales y se produzca un bloqueo adulto-adolescente, algo muy negativo para su desarrollo.

Además de un aumento de la necesidad de gratificación y de la búsqueda de novedad, en esta etapa también aparece por primera vez, como vimos en mi otra entrada, el pensamiento conceptual y abstracto ("¡Sé que sé!"). Si conseguimos combinar estos tres ingredientes obtenemos un cóctel riquísimo: la pasión por el pensamiento creativo, o lo que es lo mismo, el resolver problemas de maneras nuevas e innovadoras. Por tanto, dejemos que cuestionen, que exploren, que busquen nuevas formas de hacer las cosas. Hasta ahora aceptaban todo lo que les venía dicho por un adulto. Es el momento de que lo pongan en entredicho y de que los adultos no lo veamos como un ataque, sino como un proceso de transformación maravilloso.

Espero que esta pequeña reflexión os abra la mente y os ayude a comprender cómo funciona el cerebro adolescente. Solo desde una mirada comprensiva y empática seremos capaces de crear vínculo con nuestros estudiantes, conectar con su realidad y entender por qué actúan de una manera u otra. Hemos de respetar ese impulso natural de la adolescencia, su hiperracionalidad.  En vez de intentar controlar el impulso adolescente a través de la represión, los adultos que conviven con este periodo del desarrollo humano deberían optar por la reflexión, centrarse en un factor positivo. No es lo mismo tomar la decisión de no hacerse un tatuaje en un establecimiento desconocido "porque mis padres me dicen que no lo haga" que porque te preocupa tu salud.  Pero respetar no quiere decir, por supuesto, que no se pongan límites, sino reconocer la intención que hay detrás de los actos para no coartar su pasión e ilusión por la novedad. De todas formas, yo tengo una premisa y es que para respetar y aceptar no es necesario comprender.

Quiero concluir destacando la importancia de que tanto adultos como adolescentes dejemos de ver la adolescencia como un periodo en el que hay que "sobrevivir" o como un simple proceso de maduración. Hemos de optar por una visión en la que la adolescencia constituye una parte vital y necesaria de nuestra vida individual y colectiva que hemos de reforzar, ya que en ella se adquieren nuevas habilidades y porque su chispa emocional, implicación social, búsqueda de novedad y exploraciones creativas son aspectos básicos que marcan a los adultos en los que se convertirán esos adolescentes si se cultivan como es debido, algo que es muy difícil de lograr sin una comunicación eficiente entre generaciones.

Fuente:

Siegel, D. (2013): The power and purpose of the teenage brain. New York, NY: Penguin.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Dislexia: rompiendo mitos y falsas creencias

Hace poco leí un artículo muy interesante sobre la dislexia. En él se le da, por fin, un sentido y se rompe con los mitos y falsas creencias que hay alrededor de ella, algo muy necesario para permitir que los niños y niñas que la tienen pueden progresar. Comparto con vosotros la traducción que he hecho de este artículo al castellano. Espero que os ayude.

Imagen extraída del artículo de KQED NEWS

En una charla reciente para maestros de educación especial que tuvo lugar en el distrito escolar Unified en Los Ángeles, Maryanne Wolf, profesora universitaria de desarrollo infantil, pidió a los educadores que dijesen en voz alta la palabra dislexia.

"Nunca caigáis en el error de pensar que se va a desarrollar a partir de algo o que es una enfermedad" - recordó a los profesores. "La dislexia es una organización diferente del cerebro que necesita métodos de enseñanza diferentes. Nunca es culpa del niño. La responsabilidad de encontrar métodos que funcionen para ese niño es nuestra, de los que educamos".

Maryanne, que tiene un hijo con dislexia, tiene como misión difundir el concepto de "cerebro-diversidad", la idea de que nuestros cerebros no son uniformes y que cada uno aprendemos de una manera diferente. Con todo, cuando nos adentramos en una escuela, los estudiantes con un cerebro diferente viven a menudo vidas llenas de frustración y angustia, ya que tanto ellos como las personas que les rodean no acaban de entender qué es lo que les pasa.

Diagnosticar la dislexia

"Bueno, aún no ha alcanzado el nivel" es lo que Zanthe Taylor le recordaba a los profesores de su hija Calliope durante primero y segundo de primaria. Calliope, que ahora tiene 12 años, estaba en el grupo de lectura más lento de su escuela privada de Brooklyn, pero los profesores aseguraron a Taylor que Calliope era muy inteligente y podría alcanzar el nivel en poco tiempo.

Sin embargo, lo cierto era que Calliope no estaba alcanzando el nivel. Cuando sus compañeros y compañeras empezaron a ir poco a poco por delante de ella en lectura, Taylor empezó a ponerse nerviosa y a preocuparse. Sus niveles de frustración colectivos - tanto el de Calliope como el de sus padres - pronto alcanzaron su punto álgido, sobre todo después del otoño de segundo año, tras haber contratado a una profesora particular para ayudarle a acelerar su ritmo de lectura.

"Se cogía unas rabietas enormes cuando tenía que hacer los deberes"- dijo Taylor. Se le veía feliz y contenta durante toda la tarde, pero cuando tenía que hacer los deberes se negaba a empezarlos. "Se ponía a gritar y a llorar y, entonces, yo también me ponía a gritar y a llorar"- dijo Taylor. "Una de las veces le arrugué todos los deberes y le grité: '¿Qué vas a hacer?'".

Entonces, una noche, tras cuatro meses intensos (y caros) de clases particulares, el marido de Taylor, Matthew, estaba hablando con la profesora particular por teléfono y ésta mencionó la palabra "dislexia". Se le encendió una luz. Taylor recordó que hasta ese momento, todo el mundo había tenido cuidado con no pronunciar aquella palabra, pero la profesora sugirió que podía ser hora de que Calliope fuese evaluada oficialmente para recibir una educación más adaptada a sus necesidades.

Dos días intensos llenos de tests proporcionaron los datos que Taylor ahora ya conocía: Calliope tenía dislexia. Aunque era muy inteligente y mostraba tener habilidades sociales por encima de la media, sin una intervención intensa y específica nunca "alcanzaría" el nivel adecuado de lectura.

Ahora Taylor sabe que una respuesta emocional exagerada ante los deberes es algo común en aquellos niños y niñas que tienen dislexia: Calliope tampoco sabía por qué no podía leer. Ahora que tiene un diagnóstico y una intervención intensiva, Calliope ha pasado a primero de ESO junto a sus compañeros. Además, es capaz de hacer todas las tareas aunque necesite más tiempo. "Nunca me han gustado las palabras 'diferencias en el aprendizaje'"- dijo Taylor. "Sin embargo, cuanto más aprendo sobre ellas, más creo en su veracidad".

"Este tipo de estrés y frustración podría evitarse en gran medida" - afirma Wolf, también directora del Center for Reading and Language Research (Centro de investigación de la lectura y de las lenguas) en la Unviersidad Tufts y autora de "Cómo aprendemos a leer: historia y ciencia del cerebro y lectura" ("Proust and the Squid: The Story and science of the Reading Brain" en inglés). Junto a su colega Martha Denckla han diseñado un test simple que permite saber rápidamente si hay algún problema en el circuito lector en edades tempranas, tan tempranas como Educación Infantil o primero de primaria. El test se llama RAN/RAS (del inglés Rapid Automatized Naming/Rapid Alternating Stimulus) y mide la rapidez en la que los niños y niñas pueden nombrar letras, números, colores y objetos.

Este test o una evaluación similar son los únicos y, por tanto, mejores predictores de que hay algo diferente en cómo el cerebro asocia las letras a su nombre, lo cual es como una mini-versión del posterior circuito lector. Aunque el test RAN/RAS no puede diagnosticar un problema de lectura, éste proporciona a los educadores una bandera roja, que sugiere que el o la estudiante puede necesitar una evaluación más exhaustiva.

En "Cómo aprendemos a leer", Wolf escribe que si pudiese pasar cinco minutos con todos los padres y profesores del mundo, lo que les haría hacer saber principalmente es que "aprender a leer, al igual que el equipo norteamericano de béisbol Boston Red Sox, es algo maravilloso, pero que puede no ir bien por diferentes razones". Por ello, el tachar a estudiantes de cabezones o de no trabajar su potencial no está bien: los niños y niñas que tienen dislexia necesitan una intervención intensiva e inmediata para conectar las diferentes piezas el circuito lector.

La ciencia de la lectura y la dislexia

El acto de la lectura es en sí mismo de todo menos natural. El cerebro humano no ha sido diseñado para leer: no hay un "centro lector" del cerebro y no hay "genes lectores". En cambio, para poder leer, cada cerebro debe crear nuevos circuitos entre partes que originalmente fueron diseñadas para hacer otras cosas, como recordar los nombres de objetos. Estos nuevos circuitos no solo han de combinar muchos procesos de diferentes áreas del cerebro para formar un circuito especializado en la lectura, sino que para que ésta sea una lectura fluida, el circuito también tiene que ir mucho más rápido, casi de forma automática.

Wolf ha dedicado su carrera profesional a estudiar cómo lee el cerebro y a cómo en algunos casos no lee. "Dado que no tenemos una red pre-programada de lectura [en el cerebro], tenemos que hacer algo muy diferente" - afirma Wolf. "Lo que sí tiene el cerebro - y es fantástico - es la capacidad de crear nuevos circuitos basados en las nuevas conexiones que se establecen entre las partes que ya están ahí. Así que, cuando dije [en el libro] que no hemos nacido para leer, digo toda la verdad. No hemos nacido para ello. Cada niño tiene que hacerlo por sí mismo".

Dado que cada cerebro debe aprender a leer desde cero, tal y como dice Wolf, "pueden pasar muchas cosas por el camino".  La dislexia, a la que se le llamó originalmente "ceguera de palabras", es un desorden neurobiológico que se refiere al fracaso a la hora de leer palabras y letras y que afecta aproximadamente al 10-20% de niños en edad escolar, dependiendo de a quien preguntes.

Aunque está clasificada como una "dificultad del aprendizaje", la dislexia no es un trastorno cerebral o una enfermedad, y tampoco es dar la vuelta a las letras. Normalmente este fallo en la lectura no está para nada relacionado con la capacidad cognitiva, lo que deja a muchos padres y profesores bloqueados al ver que un niño inteligente no sabe deletrear palabras que ha visto mil veces o no es capaz de construir una simple oración.

Según Wolf,  la dislexia no es más que un cerebro que está organizado de manera diferente. En muchos niños y niñas, esto tiene lugar porque el hemisferio derecho intenta trabajar las fortalezas del izquierdo, sobre todo en tareas que son propias del hemisferio izquierdo, como la múltiples funciones del lenguaje. Cuando el circuito lector está dominado por el hemisferio derecho, la información que va a ambos hemisferios necesita más tiempo para ser asimilada.

En el cerebro disléxico hay más de un área que podría desarrollarse con problemas (aunque no hay una única forma de dislexia, existen una serie de perfiles que se dan más a menudo):

· La conciencia fonémica (conocer los sonidos que corresponden a las letras) es la principal deficiencia del cerebro disléxico. "La lengua inglesa está compuesta por 44 sonidos llamados fonemas" - nos cuenta Wolf. "El inglés es más complicado porque tenemos fonemas que pueden ser expresados con diferentes letras y tenemos letras que pueden ser representadas por distintos fonemas. Es un idioma irregular, lo que se suma a la complejidad. No obstante, el problema que subyace en muchos niños (aunque no todos) son dificultades en la representación básica de esos fonemas". Wolf dijo que existen múltiples áreas del cerebro que contribuyen a nuestra capacidad para representar fonemas y que muchos niños con dislexia presentan dificultades a la hora de desarrollar fonemas, así como de conocer qué sonidos se asignan a cada letra.

· La fluidez (lograr el circuito lector trabaje en su conjunto rápidamente) es el segundo problema más habitual. "Puede que los niños hayan representado a la perfección los fonemas, pero no pueden asociarlos a las letras porque hay un problema de velocidad de procesamiento"- nos contaba Wolf. "Y esto puede deberse en gran parte a que al hemisferio derecho está siendo más lento y está intentando hacer lo que normalmente le toca hacer al hemisferio izquierdo a la hora de lograr que ese circuito trabaje más rápido en su conjunto. Esto se traduce no solo en que el cerebro no representa los fonemas muy bien, sino que las letras tampoco están siendo representadas correctamente y que el circuito no está siendo automático.

· La comprensión es el último, pero no menos importante, de los problemas de lectura. "Tras haber conseguido que los sonidos y las letras funcionen juntos y que todo el circuito trabaje a un buen ritmo, se han de conectar las palabras a significados y a funciones gramaticales"- explicaba Wolf. "Conseguir unir la representación visual, el significado, el sonido y la función gramatical requiere un trabajo explícito y esto es lo que los niños y niñas con dislexia han de hacer". Wolf también dijo que este tipo de dislexia no suele mostrarse hasta que el niño es más mayor (de tercero de primaria en adelante), cuando pasa de aprender a leer a leer para aprender.

"Algunos de nuestros niños y niñas saben leer palabras, pero las leen con dificultades y cuando llegan a cuarto año se convierten en un gran fracaso y nunca consiguen lograr la fluidez". Muchos de estos niños son inteligentes y lo han ido compensando hasta este momento memorizando palabras, pero nunca han aprendido a leer lo suficientemente rápido como para comprender lo que están leyendo.

Entender que este tipo de desarrollo es tan solo un cerebro que funciona diferente y que puede ser ayudado con una instrucción explícita y sistemática es un paso grande y necesario para todos los que están involucrados en él: estudiantes, padres y maestros. Cuando un niño se da cuenta de que no es capaz de leer o que lee con mucha dificultad, a menudo tiende a creer que esto se debe a que su cerebro no es bueno o no funciona bien. Además, algunos profesores, de manera inconsciente, tienen la creencia de que todos los niños aprenden a leer por algún tipo de ósmosis.

Wolf insiste en que tres décadas de investigación han probado que ninguna de estas dos creencias es cierta y que mantener escondida o malinterpretada la verdad sobre la dislexia  lo único que consigue es hacer daño a los alumnos, a sus padres y a los educadores que intentan ayudarles desesperadamente. 
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Traducción: Emilio López López (autor del blog) 

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Ideas para un primer día de clase con adolescentes

A todos se nos avecina la vuelta a las aulas - si es que no ha llegado ya - y, aquellos que tienen que hacer frente a un grupo de adolescentes son, por lo general, los que peor lo pasan, sobre todo si es la primera vez que lo hacen. "¿Qué les motivará?" "¿Cómo ha de ser mi nivel de autoridad?" "¿Qué hago si no me escuchan?" "¿Cómo puedo conectar con ellos desde el primer día?" - se preguntará más de alguno. Lo primero de todo, respira. ¡Que no cunda el pánico! La adolescencia, tal y como expliqué en mi entrada "(Pre-) Adolescente. El rebelde incomprendido" es una etapa de la vida maravillosa de la que podemos nutrirnos mucho si cambiamos nuestra mirada hacia ella. Tan solo tenemos que aprender a escuchar al adolescente que tenemos delante, ver cuáles son sus intereses, motivaciones y preocupaciones y entender en la etapa de la vida en la que está. En la entrada que acabo de mencionar también tenéis algunos consejos sobre cómo gestionar una clase con estudiantes que están en este tramo de edad.

Pues bien, hoy quiero compartir vosotros cómo he llevado a cabo yo mi primera clase del curso de Inglés Lengua Extranjera (aunque también es aplicable a otras lenguas) con un grupo de alumnos y alumnas de  3º de la E.S.O. (14 años de edad). ¡Espero que os sirva de ayuda!


Actividades de presentación 

· La Estrella

Supongo que la mayoría ya conocéis esta actividad, pero la explico para los que no. El profesor dibuja una estrella poniendo en cada punta un dato sobre sus gustos, familia, aficiones, etc.; los estudiantes hacen preguntas cerradas para descubrir el dato y el profe va tachando según se va descubriendo. Aunque te parezca que no, los estudiantes se mueren de curiosidad por saber información personal sobre ti (¡eres "el profe"!), así que es una buena manera de romper el hielo y acercarte un poco a ellos.

A continuación, hacen ellos su estrella y siguen el mismo procedimiento en parejas. Finalmente, se hace una puesta en común donde se da la información más interesante o nueva que han descubierto sobre su compañero o compañera. 

· Snowball Fight 

¡Es hora de cambiar el ritmo de la clase! Acaban de pasar unos 15 - 20 min sentados. Vamos a movernos un poco. Ahora cada alumno escribe en un papel un 'Fun fact' (una anécdota) sobre su vida que sea graciosa y que crean que los demás no conocen. A continuación, hacen una bola de papel con ella (a snowball), se levantan y se dividen en dos equipos. El profesor les anuncia que van a empezar una pelea de bolas de nieve y que mientras esté sonando la música tienen que continuar tirándose bolas de papel. Se pone una canción  y empieza la "batalla" (puedes aprovechar para ver si alguno ha dicho cuál es su cantante favorito durante la actividad de la estrella y poner una canción de ese cantante, te estarás ganando a ese estudiante sin que se dé cuenta). Cuando el profesor para la música, cada estudiante coge una bola al azar y vuelve a su sitio. Ahora tendrán que leer para la clase la anécdota que les ha tocado, adivinar a quién pertenece y decir por qué piensan que es de esa persona.


Objetivos para el curso y normas de la clase

Recordemos la etapa de la vida en la que están nuestros estudiantes: la adolescencia. ¿Qué quiere decir esto? Que, al igual que los niños, necesitan poner a prueba nuestros límites para comprobar que sigues siendo el adulto que les protege y así ellos poder sentirse seguros como adolescentes. Es tan simple como esto. Además, las normas y los límites son necesarios para poder establecer objetivos. ¿A que cuando jugamos un partido de fútbol lo primero que hacemos es establecer donde está la portería? Si no lo hacemos, ¿cómo podemos jugar al fútbol? Pues en clase sucede algo similar.

Por ello, es interesante trabajar con ellos en primer lugar qué expectativas tienen para este curso y después definir las normas necesarias que nos permitan alcanzarlas. Creo que ir directamente a las normas sin escucharlos antes puede significar caer en un gran error. Nos interesa que las normas sean significativas y que se involucren y comprometan con ellas, algo que no podemos lograr si no sabemos qué tipo de situaciones se darán en nuestra clase y qué queremos lograr durante este curso. ¡Una clase en la que se valora el trabajo en equipo, el pensamiento crítico o el aprendizaje autónomo tendrá unas normas muy diferentes de una clase en la que el profesor es el mero instructor!

· Our hopes and dreams

Por tanto, este año lo he empezado hablando con ellos de nuestros "Hopes and Dreams". ¿Qué esperamos alcanzar este año? ¿Qué funcionó el año pasado y que, por tanto, queremos seguir llevando a cabo este? ¿Qué queremos cambiar? 

Dividimos los objetivos en académicos (mejorar mi pronunciación en inglés, trabajar más mi competencia escrita, etc.) y sociales (cooperación, empatía, autocontrol, etc.). Primero rellenan la hoja individualmente y después los ponen en común para tener una versión conjunta que represente a toda la clase.
Si estás interesado en que te mande esta ficha, házmelo saber en un comentario :)


· Las normas de la clase

Una vez hemos hablado de nuestros sueños y expectativas, entonces, podremos hablar de normas. ¿Qué tipo de clase hemos de tener para poder lograr todas las cosas que hemos dicho? Todos tienen muchas ideas, así que lo mejor es empezar por grupos pequeños.

Divide a tus estudiantes en parejas y dales unos 3 post-its a cada una (yo he elegido que sean de color verde para que las normas las asocien -de manera inconsciente- a algo positivo). Cada pareja escribirá unas 3 normas que creen que debe haber en clase.

Es curioso, pero la mayoría tienden a escribir las normas en negativo y muchas de ellas son o muy obvias o repetitivas, por lo que... ¡Toca arreglarlo! Ahora entre todos (o por parejas, dependiendo del volumen de alumnos que tengas) han de poner juntas todas las normas que son iguales o parecidas. Por ejemplo, "cooperar con mis compañeros" es casi lo mismo que "ayudar a mis compañeros" (veréis que al final os quedarán muy pocas normas). Ahora el profesor les hace acordar entre todos otras tres o cinco normas, pero esta vez tienen que escribirlas en POSITIVO. No queremos prohibiciones, sino indicaciones ("no hablar español en clase" => "hablar inglés en clase" / "no insultar a mis compañeros" => "respetar a mis compañeros"). 

¡Por fin tenemos las normas! Es hora de volver a nuestras expectativas y sueños para este curso y hablar sobre cómo estas normas pueden ayudarnos a alcanzar lo que nos hemos propuesto.

El uso de las TIC

Si de verdad queremos conectar con nuestros estudiantes adolescentes y motivarlos, no podemos dejar de lado las nuevas tecnologías. Recordad que son nativos digitales, es decir, que las tecnologías ocupan un lugar central en sus vidas (las usan para relacionarse, para estudiar, para divertirse, etc.). Incluirlas en tu planificación significa entender su realidad y, por tanto, crear una relación más cercana a ellos.

En mi caso, he decidido utilizar la plataforma Edmodo con ellos este año. Se trata de una red social educativa muy similar a Facebook que te permite tener control de tu clase (realizar tests, encuestas, subir recursos, resolver dudas, etc.) y estar en permanente contacto con ellos. Además, en su perfil, cada estudiante indica cuál es su estilo de aprendizaje, algo muy útil y a tener en cuenta en nuestra planificación. Tras explicarles un poco cómo funcionaba (también tiene una APP para smartphones, algo muy adecuado a su realidad) les encomendé la primera tarea, que consiste en lo siguiente: entrar en la página web www.keepcalmandposters.com , crear un póster con una de las normas de la clase y publicarlo en el muro de nuestra clase de Edmodo para estrenarse en la plataforma. Una vez tengamos todos los pósters, los imprimiremos y decoraremos la clase con ellos. De esta forma volveremos a las normas cada vez que hagamos algo para intentar alcanzar nuestros objetivos y podremos revisarlas a lo largo del curso. Ellos son los protagonistas, por lo que se trata de hacerles partícipes de todo lo que sucede en el aula de una manera que se adapte a sus necesidades reales.

"Prohibir es hacer desear"

Además, también les dije que en mi clase sí estaba permitido el uso de smartphones y que quería que todos estuviesen encima de la mesa (podéis imaginaros sus caras desencajadas, pues no están acostumbrados). Les recomendé que se descargasen dos Apps (Merriam Webster Dictionary y Wordreference) para utilizar cuando lo necesiten. Al fin y al cabo, es una forma de normalizar la situación y de evitar que estén con el móvil a escondidas utilizándolo para otros fines.

Por último, les pasé una encuesta sobre sus intereses personales (qué les gusta hacer en su tiempo libre, qué redes sociales utilizan, qué música escuchan, qué cine les gusta más, etc.). Esto me permitirá conocerlos un poco mejor y poder planificar mis clases de manera acorde a sus gustos e intereses. ¡Sin motivación no hay aprendizaje!

Espero que esta entrada os sirva de ayuda para abordar vuestras primeras sesiones con adolescentes. Como veis, soy de los que piensa que es importante tener claro qué rumbo queremos seguir en nuestra clase desde el principio de curso, conectar el aprendizaje con su realidad para que sea significativo y siempre, siempre, dar voz a nuestros estudiantes. ¡Espero leer vuestras experiencias!

jueves, 1 de septiembre de 2016

Kenia es luz

En estos momentos sobrevuelo el cielo de Addis Abeba, Etiopía. Hace unas horas que dejé atrás Nairobi y me dirijo a España, a casa, después de lo que ha sido la mejor experiencia de mi vida. Toca hacer balance de todo lo vivido. Y es que... Me he enriquecido tanto en tan poco tiempo... Vine a ofrecer mi ayuda a una comunidad que lo necesita y al final soy yo el que se va cargado con una mochila llena de amor y de aprendizajes.

Quiero empezar por los niños de Safisha Africa, mis grandes maestros. Cada día me recibían con una sonrisa de oreja a oreja, unas miradas que delataban sus ansias por aprender y un cariño y afecto sublimes. Sigo estando asombrado por el respeto que se tienen entre ellos y el que guardan hacia sus profesores; por el sentimiento que tienen de pertenencia a un grupo, que es su familia; por cómo cooperan entre ellos, felicitan al que lo hace bien y ayudan al que se equivoca; por su generosidad - no importa si sus padres les ponen solo medio plátano de merienda para el recreo, ellos lo comparten con aquellos que no pueden traer nada; por su gratitud y por un largo etcétera de valores que me han enseñado. Lo mejor es que todo ello les salía de forma natural, del corazón. Me parece gracioso que en Europa creamos que la gente de este continente es pobre. Su nivel económico será bajo, sus situaciones familiares duras, pero son multimillonarios de lo esencial, de lo que de verdad es la vida y, por tanto, son felices. Me lo demostraban cada día con el brillo de sus sonrisas, con sus valores, con sus canciones y con sus bailes. ¡Quién les cogiese el ritmo! Son expertos en dar color y música a la vida. Sinceramente, deseo con todo mi corazón - tal y como les dije cuando hicimos la cadena de los sueños - que nunca dejen de soñar, que nadie logre apagar la luz de sus miradas y que puedan ser quienes desean llegar a ser. Sueño con que Guidaiga me lleve de viaje en su avión algún día, que Naomi me informe de lo que está pasando en el mundo, que Pauline  me cure o que John me deleite con sus coreografías. Se lo merecen. ¿Quién no se lo merece?
Son expertos en dar color y música a la vida.

Qué buen trabajo están haciendo Teacher Mary y Alice en esa escuela... Me quito el sombrero ante cada una de ellas. Alice Muhonja, nuestro ángel, malaika yetu. Cómo la admiro... Esas charlas que les daba a los niños con tanta dulzura, pero al mismo tiempo seriedad, son algo que jamás olvidaré. Especialmente la que dio antes de las vacaciones, donde les habló de ser cuidadosos con los extraños, con el contagio de enfermedades como el SIDA, con las violaciones o sodomizaciones, con que sus tutores les hiciesen prostituirse... Una charla dura, chocante, pero necesaria. Y es que Alice sabe muy bien lo que hace. Sabe cuidar de ella y de todo el que le rodea. "Your safety belongs to you" - me dijo en mi primer día. ¡Cuánta razón tenía! No puedo expresar con palabras todo lo que ha hecho por nosotros, cómo ha velado por nuestra seguridad y bienestar y lo que para mí ha significado. Pero es que esa es su forma de dar, de manera incondicional. Y así se lo ha transmitido a sus hijos. Es, sin duda, una de las personas más bellas que he conocido.


Willy, su hijo, no se queda atrás. Con 20 años vive dedicado a ayudar a su madre en el proyecto. Me conmueve su valentía ante la vida, su enorme sentido del humor, su cortesía y delicadeza, su generosidad, su amor incondicional. Sé que me llevo un hermano, de los de verdad. Sueño para él un futuro en el que pueda desarrollar todo su potencial y en el que llegue a ser el mejor de los maestros, aunque ya lo es. Solo hay que mirar cómo lo admiran esos niños, cómo cuentan con él para todo... ¡Cuánta inspiración!

Ay, Safisha... Ay, Kenia... Me has dado tanto...

Y es que Kenia es el calor de su gente. El despertar con sabor a té y a tostadas de mantequilla con aroma a vainilla.

Kenia es el brillo de una sonrisa, el destello de una mirada. El inhalar polvo y exhalar alegría. El hacer de un viaje en matatu una fiesta. El sentirse observado por ser mzungu. Las vistas desde el edificio Kenyatta Conference.

Kenia es sabana, naturaleza en estado puro.
Kenia es el color naranja intenso de sus puestas de sol. Las cabras pastando en la basura. La noche estrellada. La música africana de sus tenderetes.

Kenia es ritmo, ritmo lento, ritmo del presente. El peligro de confiar en desconocidos. Las costumbres y tradiciones de sus tribus.

Kenia es sabana, naturaleza en estado puro. El rugido de sus leones. La risa de las hienas. La majestuosidad de sus jirafas. La elegancia de sus elefantes. El canto de bienvenida de los Masai. 

Kenia es hospitalidad, humildad, esperanza. 

Kenia es luz, luz para el que se cruza en su camino, para el que intenta entenderla.

Nimifurahi kukutana nawewe, Kenya. Nitakukosa. 


martes, 16 de agosto de 2016

Malaika

Hoy escribo desde lo mas profundo de mi corazón. Lo necesito. Ahora mismo soy un conjunto de emociones contenidas peleando entre sí por ser liberadas. Solo llevo una semana aquí, pero Kenia me tiene envuelto desde el primer segundo que puse un pie en ella. Nunca había experimentado tantas sensaciones nuevas en un periodo de tiempo tan corto. Muchas de ellas buenas y otras malas, por supuesto, pero todas igual de válidas. Sin embargo, el cansancio físico ha ido dando paso poco a poco a un sentimiento mucho más profundo y trágico que hacía tiempo que no tenía y que hoy me ha caído encima como si de un jarro de agua fría se tratase: el cansancio emocional. Hasta ahora he estado atrapado en una nube de emociones que en los últimos días ha acabado por explotarme en la cara justo cuando menos lo esperaba, cuando menos me hacía falta. Pero sé que es normal, soy humano y, realmente, soy un gran privilegiado por poder sentir lo que estoy sintiendo.


Me abro en canal públicamente porque quizás mis palabras, mis sentimientos, resuenen con el de otras personas y despierte en ellas esa chispa que me trajo a mí aquí, a Safisha Africa Welfare Foundation, una pequeña escuela en el corazón de los suburbios de Nairobi. Una escuela situada en un edificio que solía ser una casa, en un barrio empobrecido, con calles sin asfaltar, con gallinas y cabras que pastan en la basura, donde los niños te saludan por la calle con las sonrisas más bellas que jamás haya visto hasta ahora. Alice Muhonja, su creadora, es una súper mujer. No sé como se las apaña para conseguir emocionarme cada día. Toda su vida gira en torno a los 33 peques que estudian en Safisha. Tanto ella, como sus hijos, como Teacher Mary llevan a cabo una labor digna de admiración. Me quito el sombrero ante cada uno de ellos. En un principio, Alice lo hacía todo: limpiaba, cocinaba para los niños, les daba clases, gestionaba las donaciones, se encargaba de sus uniformes y un largo etcétera de tareas. 

En Kenia, la educación es privada (podéis imaginaros lo que eso quiere decir en un país donde la diferencia entre ricos y pobres es abismal) y muchos niños lo tienen difícil para acceder a ella. Figuraros pues, cómo puede serlo para niños que son huérfanos o que viven con madres solteras. Esos son nuestros niños. Por ello, Alice decidió emprender el proyecto de Safisha Africa Welfare Foundation con el objetivo de lograr una África "safisha", es decir, una África limpia, algo que solo puede lograrse a través de la educación. Los niños y niñas de Safisha Africa lo saben bien, pues Alice se encarga de transmitírselo cada día.
Estos niños son pequeños ángeles o, como se dice en suajili, malaika, no me cabe la menor duda. Cada día se levantan por la mañana ansiosos por ir al colegio y por aprender junto con sus "teachers", los cuales, van cambiando constantemente, dependiendo del volumen de voluntarios que haya y según el momento del año.Van caminando solos al colegio (sin importar su edad) y, una vez allí, todos te reciben con los brazos abiertos, te preguntan cómo estás y rezan su oración. A continuación, empiezan las clases. Los más peques (Educación Infantil) están con Teacher Mary, los de primaria en una clase improvisada situada en el exterior y los más mayores en una clase pequeñita. En meses como enero o febrero, debido a la falta de voluntarios y, por tanto, de recursos para pagar a profesores o incluso el alquiler del edificio, los niños más mayores van a clase aún sin tener profesor, con la esperanza de poder comer por lo menos un plato de arroz o de habichuelas.
Sin embargo, en medio de toda esta hostilidad, estos pequeños angelitos te sorprenden y te tocan el corazón con valores como su generosidad, respeto, agradecimiento y, sobre todo, resiliencia. Son las personas más resilientes que haya conocido nunca. No importa que en sus casas les den solo sal y pimienta para comer o que les peguen. Ellos te sonríen, te agradecen que estés ahí para ellos, viven el momento y ponen color y música a la vida. Me fascinan sus ansias por aprender, por desarrollar su potencial, por crecer como personas. Me conmueve su manera de cooperar, su manera de premiar a aquel que lo hace bien y de ayudar al que se ha equivocado, su sentimiento de pertenencia a una pequeña familia en la que cada miembro cuenta y es importante para los demás. Qué grandes maestros... La luz de sus miradas, el brillo de sus sonrisas... Me tienen atrapado.
Y aunque hoy es un día triste para mí, pues me he dado cuenta de que me es más difícil de lo que creía entender su mundo, un mundo totalmente ajeno al que estoy acostumbrado, quiero respetarlo. Quiero alimentar mi alegría con su energía porque sé que mi alegría es luz para quien me mira y, a ellos, les toca hacerlo durante todo este mes.
Asantesana malaika, asantesana por haberme cambiado para siempre.


domingo, 7 de agosto de 2016

El vuelo africano

"Creo que la única obligación que tiene el hombre en la tierra es realizar sus sueños. 
Y el mío, en esos momentos, estaba en el corazón de África." 
Javier Reverte

Los sueños son energía para continuar hacia delante. Nos mantienen vivos. Sin embargo, si no los perseguimos, pueden convertirse en cadenas que nos impiden volar. Es cierto que nos mantienen despiertos, pero pueden quedar relegados a ser eso, sueños.  ¿Por qué aún sintiendo ese deseo de volar permanecemos a menudo inmóviles, casi paralizados? Puede que uno de los motivos sea el hecho de que por aquellos sueños vagabundeamos con la mochila cargada de voluntad, esperanza, ilusión y confianza en la posibilidad de cambiar la realidad y que, cuando despertamos, nuestra mente nos encarcela entre muros inmóviles condenándonos a una de las más lentas, sutiles y demoledoras enfermedades, el miedo. ¿Qué tal si lo abrazamos y lo tratamos con cariño? Me niego a estar condenado eternamente a tan solo soñar. ¡Quiero volar!

Estoy seguro de que a todos nosotros nos han dicho más de una vez: "ten cuidado con  lo que deseas, porque puede hacerse realidad". Y cuando un sueño está a punto de cumplirse - a tan solo unas horas de hacerlo -  las emociones se hacen más reales que el propio sueño.

Así dibujaba África hace 9 años:


El vuelo africano

No tenía la menor idea de que unos años más tarde la vida me daría alas para emprender mi propio vuelo africano, para aterrizar en Safisha Africa Welfare Foundation, Nairobi.  Parto a Kenia con una mochila cargada de amor, ilusión, pasión y miedo, bastante miedo. Pero es que el miedo puede ser fascinante, sobre todo, cuando te empuja a romper con esas cadenas que mencionaba antes y, tímidamente, libera tus nuevas y torpes alas para alzar el vuelo. En ella también va la incertidumbre, el no saber qué esperar, qué me encontraré, qué viviré, a quién conoceré, pero ese es precisamente el combustible que me permite despegar hoy, a las 17:40 h rumbo a Nairobi.

Quiero agradecer a todo el mundo que ha depositado su confianza en mí y que ha creído en el proyecto en el que estaré inmerso durante los próximos 25 días. Sobre todo, quiero dar las gracias a Raisa, por acompañarme en este vuelo; a Aina, por ser mi fuente de inspiración; a Ana, por tener la generosidad de donar una parte de su infancia a los niños y niñas kenianos; a María Luisa Fernández, por ser una fuente de energía que me inspira y me da fuerzas para volar y cumplir mis sueños; a María Lemos, por todo lo que de ella he aprendido acerca de este continente; a Sarita, por dar vida al elefante Dida, quien está ansioso por conocer a sus nuevos amiguitos; a Laura, por contribuir a que los niños den color a sus vidas y, por último, a Conchita, María, Lucía, Ana y Carmen por vuestras aportaciones económicas, que contribuirán, sin duda, a mejorar las vidas de otras personas. 

Amigos, parto a Safisha Africa Welfare Foundation, un proyecto acorde con mis valores y mi sentir; un proyecto que lucha por que cada niño tenga el derecho a realizar su propio viaje, a soñar, a volar, a recibir una educación sin importar donde haya nacido. No todo en el mundo podía ser tan malo como nos lo venden. Volveré para contarlo.

Ahora...

¡A volar!


martes, 2 de agosto de 2016

Un verano especial

"Viajar es fatal para el prejuicio, la intolerancia y la estrechez de la mente. Una visión más amplia de las cosas no puede ser adquirida vegetando en una pequeña esquina del mundo durante toda la vida."  
Mark Twain
Siempre lo he tenido claro. Quiero dejar mi huella en la arena del tiempo. No quiero irme de este mundo sin haber vivido intensamente, con todos mis sentidos. No quiero dejar aquí arrepentimientos, sino el recuerdo de una persona que amó, que sintió, que persiguió sus sueños, que voló, que vivió. Siguiendo a mi corazón, coqueteando con mi intuición y esquivando las rutinas, este verano  decidí embarcarme en dos aventuras ligadas a mis dos pasiones: viajar y la educación. 

La primera parte del verano la he pasado en la Bahía de Monterrey, California (Estados Unidos) en un campamento de inglés con niños y niñas de entre 8 y 14 años de edad de nacionalidad española, vietnamita, francesa, taiwanesa y china. En todo momento me he sentido privilegiado de poder trabajar con niños procedentes de nacionalidades y culturas tan diferentes y he aprovechado cada segundo para enriquecerme con las pequeñas enseñanzas que escondía cada una de esas personitas. Jamás olvidaré el cariño y el sentido del humor de Paul (francés), la dulzura e inocencia de Bell (vietnamita) o la picardía de Irati (española). Es increíble la sabiduría que guardan dentro de sí los niños. 

Mi estancia en California me ha permitido observar que en Occidente estamos acortando la niñez a unos pasos gigantescos y cómo las nuevas tecnologías en el "primer mundo" (odio llamarlo así) nos desconectan cada vez más de nuestra esencia. Los niños y niñas europeos tan solo querían pasar las horas sentados delante de sus smartphones jugando a videojuegos, sacándose selfies para colgar en las redes sociales o hablando de Mujeres Hombres y Viceversa, Justin Bieber y otra serie de personajes "célebres" que, con todo mi respeto hacia ellos, para mí no representan más que una sociedad en decadencia. Mientras tanto, los niños de origen asiático, del mismo rango de edad, eran felices cuando jugabas con ellos a las cartas, al baloncesto o haciendo coreografías. Obviamente, no tendría ningún sentido culpar a los niños de esto. Sin embargo, sí es labor de los educadores (padres y docentes) tomar cartas en el asunto. Los franceses y españoles eran niños de 12 y 13 años que en lugar de actuar como pre-adolescentes, lo hacían como si ya tuviesen 17 y 18. Sus temas de conversación, sus aspiraciones y sus hábitos denotaban una falta de valores y atención por parte de sus padres enormes. Era frustrante ver cómo desperdiciaban la gran oportunidad de aprendizaje que tenían ante ellos al poder compartir con sus compañeros sus diferentes visiones del mundo, al mismo tiempo que experimentaban en su propia piel la cultura y vida estadounidenses, de las cuales podría escribir mucho también, pero no es la finalidad de este blog.

En el campamento hicimos actividades educativas, como llevar a los niños a una granja ecológica donde se les explicó su funcionamiento, fueron llevados en tractor y recolectaron ellos mismos fresas que después se comieron. Fue muy gratificante ver cómo todos aprendían sobre la naturaleza, el origen de lo que comemos y la importancia de evitar los químicos. Creo que esta actividad fue especialmente interesante debido a que durante todo este mes he observado que los llamados "nativos digitales" están muy desconectados de lo esencial. Las nuevas tecnologías les han hecho desconectarse de la naturaleza, crecer por adelantado, perder su creatividad e incluso empeorado su capacidad de atención. La gran facilidad con la que hoy en día podemos acceder a la sobre-información está generando daños que pueden convertirse en irreparables si no enseñamos a nuestros peques a racionalizarla. Está claro que la tecnología es algo que las nuevas generaciones llevan consigo desde que nacen y que nadar contracorriente carecería de sentido, ya que además son muchas las ventajas que tienen. No obstante, creo que es muy importante controlar cuánto tiempo pasan delante de los aparatos electrónicos, a qué tipo de información tienen acceso según la edad que tengan y también enseñarles a filtrarla. Estoy seguro de que el acortamiento de la niñez que mencionaba anteriormente en las sociedades europeas tiene lugar en parte debido a esta expansión de las nuevas tecnologías. Además, la mayoría de estos niños y niñas no sabían lo que significaba el verbo "aburrirse", por lo que no conocían tampoco el término "frustración". No somos conscientes de la gravedad que esto supone. Además, no me cabe duda de que el origen de todo ello son los hábitos que sus familias les inculcaron cuando eran más pequeños, como el de darle una tablet al niño para que esté callado mientras hacen la compra en el supermercado, cuando van en el coche o mientras toman café con sus amigos. 
Estudiantes recolectando fresas ecológicas.
En materia emocional, todas las culturas que allí convivíamos estábamos suspensas. Era más que evidente que con la mayoría de esos niños nunca se habían trabajado las emociones, especialmente con los chicos. Por tanto, trabajándolas con ellos cada vez que surgía una oportunidad fue lo que me permitió crear con ellos un vínculo muy bonito. Además, gracias a la sabiduría de estos pequeños aprendí que da igual cuál sea nuestra lengua materna o cuán bueno sea nuestro nivel de inglés, ya que las emociones constituyen un lenguaje universal, algo que nos hace a todos los seres humanos iguales, sin importar de qué rincón del mundo seamos. Todos sentimos alegría, miedo, tristeza e ira ante situaciones similares, a todos nos gusta sentirnos queridos y reconocidos. Me pregunto por qué, siendo todos tan iguales, nos empeñamos tanto en querer ser diferentes y mejores a los demás ("en España se come mejor que aquí"; "vuestros países parecen interesantes, pero como en California en ningún lado", "los vietnamitas son asiáticos salvajes"; "los chinos son unos imperialistas"...). El nacionalismo sirvió en el pasado para unir pueblos bajo una misma nación, para hacer de la identidad un aglutinante. Hoy, sin embargo, es un obstáculo para unir a los pueblos en una sola humanidad.  Hace tiempo que transcendí el concepto de nación, de fronteras, para pasar a sentirme un ciudadano más del mundo, del universo. Nada me hace mejor que a nadie y siempre defenderé que en la diversidad está la riqueza. Ya no es necesario hacer de la diferencia una barrera, sino todo lo contrario: ha de ser una relación para sumar. Espero poder hacer llegar esto a tantos niños como sea posible. 
Las emociones constituyen un lenguaje universal
Estas son tan solo algunas de las reflexiones que me llevo de este experiencia. Ha sido muy enriquecedor descifrar las enseñanzas que ocultaban estos niños y me siento agradecido hacia cada uno de sus corazoncitos, que ahora llevo conmigo para siempre. Espero que ellos hayan aprendido conmigo tanto como yo he aprendido de ellos y espero ver algún día en qué personas adultas se  han convertido. Ahora toca descansar unos días antes de emprender rumbo hacia mi próximo destino: Kenia. ¿Qué enseñanzas me deparará?


domingo, 10 de abril de 2016

Calificaciones: No somos números


¿Qué es una buena educación? ¿Lograr que la mayoría de los niños y niñas atraviesen con éxito unos estándares de calidad? Al parecer, según las leyes y reformas educativas que hemos tenido en nuestro país en los últimos años, eso es una buena educación.

Todas ellas osan incluir objetivos de desarrollo humano profundos (la solidaridad, la igualdad, la libertad, la paz...). Sin embargo, el sistema educativo que hemos creado desde la Revolución Industrial promueve precisamente los valores opuestos (la competencia, el individualismo, el materialismo...) y nuestros últimos gobiernos parecen querer seguir en esta línea.

Es curioso, todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz. Nuestro sistema educa para la competencia y la competencia, amigos y colegas, es el principio de cualquier guerra. ¿En qué me baso para decir esto? 

Pues veréis, desde muy pequeños, en la escuela (aunque también en las facultades de educación), nos contaron que un objetivo es aquello que es medible, cuantificable y observable. Por esta razón, empezamos a buscar unos criterios que nos permitiesen medir dichos objetivos. A esto se le ha llamado calificaciones. No importa como éstas sean (una escala sobre 10, una carita triste o feliz, un suficiente o un notable), la lógica es siempre la misma: comparar el sujeto y su aprendizaje frente una escala estandarizada que mide... Que mide, ¿qué? ¿Su aprendizaje? ¿En serio? ¡Pero si cada sujeto es diferente! ¡Único! ¡Singular! ¡Irrepetible! ¿Cómo podemos querer estandarizarlo? 

Imagen y reflexión extraídas del documental "La Educación Prohibida"

Parece que lo único que nos importa es buscar un número que defina hasta la calidad de persona que eres. Son números que estigmatizan, que crean sentimientos de frustración y auto-exigencia hacia el aprendizaje, cuando éste debería nacer de la curiosidad innata que tiene el ser humano de explorar el mundo que le rodea. Tal es así que el maestro lo que hace es crear conflictos cognitivos y... ¡A ver quién es el primero que lo realiza! De esta forma, hay ganadores y hay perdedores y, por tanto, se fomenta la competitividad entre los estudiantes, entre las personas. Los mejores obtienen el premio: el reconocimiento de sus maestros, de sus compañeros, de sus padres y a los que no van bien en los exámenes se les llama la atención, se les castiga, se les ponen horas extra de estudio o en algunos casos hasta no son tenidos en cuenta. Y a pesar de todo ello, después de 12 años escolarizado, el estudiante no sabe leer un texto de manera comprensiva, apenas tiene desarrollado el pensamiento crítico y tiene pocas habilidades para relacionarse con el mundo que le rodea, pero sí se siente superior o inferior del que tiene al lado.

Lo sabemos, nos quejamos, pero nadie hace nada. Hemos de cambiar esta mirada parcial del conocimiento que se creó en la era industrial si de verdad queremos sujetos enteros, felices. Para ello es necesario que maestros y profesores sean los que se sienten en la mesa de debate cuando se redacten leyes y reformas educativas. Pero han de ser maestros y profesores que hayan logrado re-educarse y no reproducir lo mismo que sus predecesores, es decir, que no tengan como objetivo para sus alumnos y almunas el boletín de notas de final de curso, sino la felicidad, la cual proviene de una vida emocionante y experiencial; incorpora habilidades laborales, de racionamiento y personales y no incluye fórmulas matemáticas, conjugaciones verbales u obras literarias consideradas sagradas. Debemos ver al sujeto como un todo y otorgarle su derecho a la libertad para que así aprenda lo que de verdad importa hoy en día y lo que le servirá en su vida real fuera de la escuela.