Educarte para valorarte

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miércoles, 3 de septiembre de 2014

El alumno con TDAH

Estoy seguro que durante los últimos años son muchas las ocasiones en las que habéis escuchado hablar de alumnos y alumnas (aunque en este caso la mayoría sean alumnos) que padecen TDAH. En la entrada de hoy, quizás un poco extensa, pero lo considero necesario, pretendo hacer visibles a este tipo de alumnos que, por desgracia, en muchas ocasiones son víctimas del estigma social y de la falta de empatía por parte de las personas que les rodean.

¿Qué significan las siglas TDAH?
TDAH es la abreviatura de Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad.

¿Qué NO es el TDAH?
Debido al término “Hiperactividad” se confunde este trastorno con niños que simplemente son revoltosos, que tiene mal comportamiento y que no paran de incordiar. El TDAH es mucho más que eso, el principal problema reside en sus dificultades de autocontrol y falta de concentración, y los problemas que ello causa en el rendimiento escolar.

¿Qué significa ser TDAH, entonces?
Este trastorno se caracteriza por la presencia de tres síntomas: déficit de atención, impulsividad e hiperactividad motora y/o vocal. No todos los niños con este trastorno manifiestan los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Para confirmar que un niño es TDAH, estos síntomas tienen que darse en al menos dos ambientes distintos  de su vida: en la escuela, en su casa, en su entorno en general…

¿Cuáles son sus características?

Las características principales de sus síntomas son las siguientes:

1.  Déficit de atención: Esta clase de niños/adolescentes son menos capaces de mantener el mismo grado de compromiso en las tareas que otros niños y niñas. Les es imposible prestar atención suficiente a los detalles. Pierden su concentración en tareas rutinarias. Sus trabajos suelen ser sucios y desordenados y cambian de una actividad a otra sin terminar ninguna de ellas, evitando las que requieren esfuerzo. También suelen perder el material y olvidar las cosas. Dado que el déficit de atención es algo que no se ve, ya que no es una discapacidad como la del niño o niña que está en silla de ruedas, muchos profesores optan por la vía fácil: « ¡Qué desastre eres!» « ¿Pero cómo tienes el pupitre tan guarro? ¿En tu casa te dejan tenerlo así?» « ¡Eres un vago!».
¿Vago? ¿Estáis seguros de que el niño es vago? Para una tarea en la que sus compañeros invierten 5 min él tiene que invertir el doble de esfuerzo para centrar su atención. ¿No será que está falto de motivación? Pero claro, ahí la responsabilidad ya es nuestra, no del alumno. No conviene verlo.


2. Impulsividad. La mayoría de niños y niñas ven su comportamiento controlado por los adultos a través de normas  externas que con frecuencia se oponen a sus deseos y que acaban por interiorizar. Esto les permite autocontrolarse. No obstante, el niño/adolescente con TDAH ve este proceso alterado, ya que tiende a querer satisfacer sus deseos inmediatamente y es incapaz de tolerar la frustración. De manera esquemática funcionarían así: DESEO Y ACTÚO, en vez de DESEO, PIENSO Y LUEGO ACTÚO. El niño/adolescente impulsivo es impaciente, le cuesta mucho respetar el turno e interrumpe constantemente a los demás («¡Eres un maleducado!»); sufre accidentes al realizar acciones sin pensar los peligros que conllevan («Pero, ¿cómo eres tan torpe?»); no reflexionan sobre distintas alternativas disponibles e incumplen las normas básicas del hogar y de la escuela. Por ello, resulta muy importante ayudarles a reconocer sus dificultades, aceptarlas, enfrentarse a ellas y poner unos límites educativos sanos y ajustados a su capacidad real.


3. Hiperactividad motora y/o vocal: Se manifiesta a través de una actividad corporal excesiva y desorganizada sin un objetivo concreto. El alumno se levanta constantemente, corretea por todos lados, le cuesta jugar a actividades tranquilas, habla en exceso, etc. Su energía la dirige hacia tareas y objetivos diferentes a los encomendados por sus padres/profesores.
«¡Es que no para quieto!». Pues no, es que no puede parar.

¿De qué forma debemos implicarnos los docentes con este tipo de alumnado?
Lo primero que debe hacer todo docente cuando se encuentra con un alumno/a TDAH es empezar por reconocer este trastorno. Algo que parece costar trabajo a muchos y muchas. Reconocerlo implica ser consciente de ello y respetarlo.

Una vez lo reconozcamos, debemos ser humildes y pedir ayuda a los orientadores del Centro y, en caso de no contar con su ayuda, informarnos por nuestra cuenta, hablar con psicólogos, etc. Solo de esta forma este tipo de alumnos dejará de sufrir el martirio al que se enfrentan muchos de ellos día a día y lograremos que alcancen los mismos resultados y logros que el resto de sus compañeros.

Son muchos los profesores que se niegan a hacer adaptaciones metodológicas en sus asignaturas rechazando el tratarlos como si fuesen diferentes al resto de alumnos. Olvidan pues, que todos somos diferentes y que precisamente lo más enriquecedor para un niño o niña es crecer rodeado de diversidad. No confundamos la igualdad de trato con la igualdad de derechos. Todos somos diferentes, con o sin TDAH y, por lo tanto, nuestro alumnado también. Es nuestra responsabilidad saber cubrir las necesidades individuales de todos.

Entonces, ¿qué adaptaciones metodológicas se pueden aplicar al alumno con TDAH?

Adaptaciones tan simples y sencillas como las que expongo a continuación:

1. Sentarlo cerca del profesor y lejos de ventanas y puertas para mantener distantes los estímulos que puedan distraerlos. Esto debe hacerse especialmente durante los exámenes. Incluso es aconsejable dejarles utilizar tapones para los oídos.
2. Controlar su material de trabajo: Procurar que no tenga encima de la mesa más material que el estrictamente necesario para la tarea que está realizando.
3. Animarle a utilizar la agenda y enseñarle a organizarse. De esta forma se contribuirá a evitar los olvidos frecuentes.
4. Dividir las actividades largas en varias actividades cortas. Esto ayudará a que el alumno centre su atención en cada una de las partes de la actividad y no tire la toalla tan fácilmente.
5.  Ser más flexible en los plazos de entrega de trabajos y exámenes. Recordad que no los olvidan o les lleva más tiempo a propósito.
6.  Transmitirles seguridad. Es importante valorar su trabajo diario y reconocerles su esfuerzo. Además, durante los exámenes es conveniente que se les permita consultar dudas con el profesor/a para que éste le transmita seguridad (no lo confundáis con resolverle el examen).
7. Ser flexible con la hiperactividad. Ya sabemos que tienen problemas para controlar su conducta, se levantan, hablan más de lo normal, etc. Dentro de lo razonable, conviene ser más flexible que con el resto de alumnos. Un estornudo es algo que no podemos evitar y que nos molestaría que nos cortasen, ¿no? Pues para ellos es algo semejante.
    
He aquí unos sencillos ejemplos de cómo podemos contribuir al buen desarrollo de este tipo de alumnado. Sinceramente, no creo que sea tan difícil. Solo basta dedicación, esfuerzo y mucho cariño. Normalmente se trata de niños que tienen el autoestima muy baja debido a todas las etiquetas que se les han puesto dada la invisibilidad de su trastorno.


Comparto con vosotros dos vídeos que relatan cómo se siente un niño con TDAH. Nunca dejéis de lado la empatía.