Educarte para valorarte

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jueves, 3 de abril de 2014

La mariposa azul

Tras haber dedicado toda mi vida al aprendizaje de nuevas lenguas, la educación llamó a la puerta de manera inesperada. No lo hizo en el mejor momento, pero ningún obstáculo ha impedido despertar en mí ese gusanillo que me hace entrar por la puerta de clase con una sonrisa cada día e intentar dar todo lo que puedo de mí para que mis niños aprendan lo máximo posible. Creo que es obvio que he encontrado mi vocación y es por ello que nace este blog.

Antes de nada, una pequeña presentación nunca está de más. Mi nombre es Emilio y soy Graduado en Traducción e Interpretación. Siempre me han apasionado los idiomas, los niños, viajar y estar en contacto constante con otras culturas. He vivido en varios países y tengo numerosas experiencias laborales en el extranjero, siempre rodeado de niños y de un entorno educativo. Son dichas experiencias las que despertaron en mí ese gusanillo por la educación y las que me llevaron a dar un giro en mi vida. Actualmente me encuentro terminando el Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas de la Universidade de A Coruña y estoy a punto de finalizar mis prácticas en un Centro Educativo.

A través de este blog, me gustaría compartir mis opiniones, experiencias, recursos, etc. que tengan relación con la educación en general, así como con la enseñanza de idiomas. Al mismo tiempo, pretendo aprender de todos vosotros y hacer de esto una herramienta más de aprendizaje continuo y recíproco.

Me gustaría inaugurarlo con un cuento breve que hace poco escuché en una conferencia y que me parece oportuno para introducir cuál es mi idea acerca de la educación. El cuento es el siguiente:

La mariposa azul

Había un señor viudo que vivía con sus dos hijas curiosas e inteligentes. Las niñas siempre le cuestionaban todo, hacían muchas preguntas a las que el padre a veces sabía responder, pero en ocasiones no se sentía con la sabiduría suficiente como para aclarar las dudas que ellas manifestaban. Como pretendía brindarles la mejor educación, mandó a las niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina.
El sabio siempre respondía todas las preguntas sin siquiera dudar. Impacientes con el maestro, las jóvenes decidieron inventar una pregunta que él no pudiera responder correctamente. Entonces, una de ellas apareció con una hermosa mariposa azul que usaría para engañar al sabio. 
-¿Qué vas a hacer? –preguntó la hermana. – Voy a esconder la mariposa en mis manos y le voy a preguntar si está viva o muerta. Si él dice que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la mataré. Así, cualquiera que sea su respuesta, ésta será equivocada. Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio que estaba meditando.
-Tengo aquí una mariposa azul, dígame, sabio, ¿está viva o muerta?. Muy calmadamente el sabio sonrió y respondió: 
-Depende de ti…ella está en tus manos


Efectivamente, al igual que la mariposa azul, nuestros alumnos están en nuestras manos, dependen de nosotros. Somos nosotros los que hemos elegido esta profesión y, por lo tanto, somos los responsables máximos de la educación que tendrán nuestros futuros presidentes, médicos, abogados, camareros, científicos, etc. 
A diario escuchamos comentarios acerca del descontento general del profesorado en nuestro país, el cual en su mayoría se encuentra estancado, en un bucle sin salida en el que no ven más allá de su libro de texto y de sus métodos tradicionales, casi siempre regidos por la autoridad y la falta de democracia.
Desgraciadamente, la mayor parte de este profesorado carece de formación en didáctica, pedagogía y psicología, signo claro de la importancia que nuestro sistema le otorga a la educación. Según este sistema, lo más importante es la mera transmisión de conocimientos. El profesor es un ser superior que todo lo sabe y los alumnos deben asumir el rol de aprendices pasivos. 
No obstante, creo que esta es la vía fácil y cómoda, pero para mí no sirve de excusa, ya que existen profesores, aquellos que de verdad tienen vocación, que a pesar de solo estar en posesión del antiguo CAP, siguen esforzándose por renovarse cada día, por asistir a cursos de formación continua y, sobre todo, por entender a su alumnado. Quiero dejar claro que mi intención no es ofender a nadie, tan solo pretendo mostrar mi propia visión crítica acerca del sistema educativo español. En mi opinión, ni siquiera el máster que estoy cursando me parece suficiente para que se me dé la gran responsabilidad de educar.

Volviendo a los docentes con vocación, la clave del éxito educativo, desde mi punto de vista, es precisamente la que mencionaba: el profesor tiene que ser quién de entender a sus alumnos y de entablar con ellos una relación de empatía, algo completamente ausente en la mayoría de las aulas a día de hoy. Muchos profesores prefieren optar por refugiarse detrás de su mesa, casi siempre situada en una tarima que les sitúa en un nivel superior que les da autoridad y, de esta forma, no comprometerse con los problemas de sus alumnos.

La definición que da la RAE para empatía es la siguiente: Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo del otro. Como podemos ver, el afecto tiene mucho que ver con la empatía. ¿Está el afecto presente en las aulas hoy en día? ¿Y la empatía profesor-alumno y viceversa? Lamentablemente no me queda más remedio que ponerlo en duda. Como ya dije anteriormente, los profesores son meros transmisores de conocimiento que están enseñando a sus alumnos a ser académicamente inteligentes y competitivos. 

Lo siento mucho, pero YO me niego a convertirme en uno de esos profesores. Y desde mi práctica pienso enseñar a mis alumnos algo más que contenidos. Creo que es muy importante educarlos en valores, así como en emociones. Nuestros alumnos no están habituados a gestionar sus emociones y cuando salen al mundo real se meten el gran batacazo. Les damos todo hecho, no saben lo que es la frustración y esto les impide ser felices. ¿Queremos un mundo en el que la mayoría de su población sea infeliz? Yo lo tengo claro, NO. Debemos cambiar la palabra competitivo por competente y dejar de crear alumnos emocionalmente inteligentes a favor de personas y ciudadanos con una inteligencia emocional que les permita ser felices.  

Muchos pensarán que estoy loco y que esto no es posible de llevar a cabo en el aula y menos en una clase donde hay que dar unos contenidos gramaticales o unas fórmulas matemáticas determinadas, porque así lo exige la programación.  Pretendo que este blog sea una forma en la que pueda compartir con todos vosotros cómo yo aportaría o aporto ese granito de arena necesario para dar un giro al sistema educativo actual y demostrar que sí es posible. Solo hay que querer.


Eso es todo por hoy. Espero que este post os haya servido para conocer un poco mejor quién soy y en dónde me encuentro con respecto a la educación.

Un saludo a todos y encantado de formar parte de este nuevo mundillo :)










4 comentarios:

  1. Estreno tu blog poniendo un vídeo del que ya hemos hablado, que es un gran ejemplo de todo lo que dices en esta entrada :)
    Empatía, sentimientos, emociones, valores…
    https://www.youtube.com/watch?v=Wj2c5O4jom4 (hay varias partes, merece la pena verlo entero!)

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  2. Muchas gracias por tu aportación, Sara. En cuanto tenga tiempo. Le echo un vistazo.

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  3. Mucha razón. Muchos profesores se formaron hace más de treinta años y siguen impartiendo clase con metodologías anticuadas que se basan en la simple memorización de contenidos. Y esa educación no responde a la necesidad real de hoy en día.

    La nuestra es una profesión complicada, malentendida por muchos y malinterpretada por otros. Hay profesores que han tomado el camino fácil y que lo único que buscan es cobrar a fin de mes y que por lo tanto no aprecian la importancia de la labor que realizamos y la gran tarea que desempeñamos.
    A mi me gusta pensar que para algunos marco la diferencia. Y estoy seguro de que así es.

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  4. ¡Me han encantado el cuento y el blog en general! ¡Enhorabuena!

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