Educarte para valorarte

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martes, 2 de agosto de 2016

Un verano especial

"Viajar es fatal para el prejuicio, la intolerancia y la estrechez de la mente. Una visión más amplia de las cosas no puede ser adquirida vegetando en una pequeña esquina del mundo durante toda la vida."  
Mark Twain
Siempre lo he tenido claro. Quiero dejar mi huella en la arena del tiempo. No quiero irme de este mundo sin haber vivido intensamente, con todos mis sentidos. No quiero dejar aquí arrepentimientos, sino el recuerdo de una persona que amó, que sintió, que persiguió sus sueños, que voló, que vivió. Siguiendo a mi corazón, coqueteando con mi intuición y esquivando las rutinas, este verano  decidí embarcarme en dos aventuras ligadas a mis dos pasiones: viajar y la educación. 

La primera parte del verano la he pasado en la Bahía de Monterrey, California (Estados Unidos) en un campamento de inglés con niños y niñas de entre 8 y 14 años de edad de nacionalidad española, vietnamita, francesa, taiwanesa y china. En todo momento me he sentido privilegiado de poder trabajar con niños procedentes de nacionalidades y culturas tan diferentes y he aprovechado cada segundo para enriquecerme con las pequeñas enseñanzas que escondía cada una de esas personitas. Jamás olvidaré el cariño y el sentido del humor de Paul (francés), la dulzura e inocencia de Bell (vietnamita) o la picardía de Irati (española). Es increíble la sabiduría que guardan dentro de sí los niños. 

Mi estancia en California me ha permitido observar que en Occidente estamos acortando la niñez a unos pasos gigantescos y cómo las nuevas tecnologías en el "primer mundo" (odio llamarlo así) nos desconectan cada vez más de nuestra esencia. Los niños y niñas europeos tan solo querían pasar las horas sentados delante de sus smartphones jugando a videojuegos, sacándose selfies para colgar en las redes sociales o hablando de Mujeres Hombres y Viceversa, Justin Bieber y otra serie de personajes "célebres" que, con todo mi respeto hacia ellos, para mí no representan más que una sociedad en decadencia. Mientras tanto, los niños de origen asiático, del mismo rango de edad, eran felices cuando jugabas con ellos a las cartas, al baloncesto o haciendo coreografías. Obviamente, no tendría ningún sentido culpar a los niños de esto. Sin embargo, sí es labor de los educadores (padres y docentes) tomar cartas en el asunto. Los franceses y españoles eran niños de 12 y 13 años que en lugar de actuar como pre-adolescentes, lo hacían como si ya tuviesen 17 y 18. Sus temas de conversación, sus aspiraciones y sus hábitos denotaban una falta de valores y atención por parte de sus padres enormes. Era frustrante ver cómo desperdiciaban la gran oportunidad de aprendizaje que tenían ante ellos al poder compartir con sus compañeros sus diferentes visiones del mundo, al mismo tiempo que experimentaban en su propia piel la cultura y vida estadounidenses, de las cuales podría escribir mucho también, pero no es la finalidad de este blog.

En el campamento hicimos actividades educativas, como llevar a los niños a una granja ecológica donde se les explicó su funcionamiento, fueron llevados en tractor y recolectaron ellos mismos fresas que después se comieron. Fue muy gratificante ver cómo todos aprendían sobre la naturaleza, el origen de lo que comemos y la importancia de evitar los químicos. Creo que esta actividad fue especialmente interesante debido a que durante todo este mes he observado que los llamados "nativos digitales" están muy desconectados de lo esencial. Las nuevas tecnologías les han hecho desconectarse de la naturaleza, crecer por adelantado, perder su creatividad e incluso empeorado su capacidad de atención. La gran facilidad con la que hoy en día podemos acceder a la sobre-información está generando daños que pueden convertirse en irreparables si no enseñamos a nuestros peques a racionalizarla. Está claro que la tecnología es algo que las nuevas generaciones llevan consigo desde que nacen y que nadar contracorriente carecería de sentido, ya que además son muchas las ventajas que tienen. No obstante, creo que es muy importante controlar cuánto tiempo pasan delante de los aparatos electrónicos, a qué tipo de información tienen acceso según la edad que tengan y también enseñarles a filtrarla. Estoy seguro de que el acortamiento de la niñez que mencionaba anteriormente en las sociedades europeas tiene lugar en parte debido a esta expansión de las nuevas tecnologías. Además, la mayoría de estos niños y niñas no sabían lo que significaba el verbo "aburrirse", por lo que no conocían tampoco el término "frustración". No somos conscientes de la gravedad que esto supone. Además, no me cabe duda de que el origen de todo ello son los hábitos que sus familias les inculcaron cuando eran más pequeños, como el de darle una tablet al niño para que esté callado mientras hacen la compra en el supermercado, cuando van en el coche o mientras toman café con sus amigos. 
Estudiantes recolectando fresas ecológicas.
En materia emocional, todas las culturas que allí convivíamos estábamos suspensas. Era más que evidente que con la mayoría de esos niños nunca se habían trabajado las emociones, especialmente con los chicos. Por tanto, trabajándolas con ellos cada vez que surgía una oportunidad fue lo que me permitió crear con ellos un vínculo muy bonito. Además, gracias a la sabiduría de estos pequeños aprendí que da igual cuál sea nuestra lengua materna o cuán bueno sea nuestro nivel de inglés, ya que las emociones constituyen un lenguaje universal, algo que nos hace a todos los seres humanos iguales, sin importar de qué rincón del mundo seamos. Todos sentimos alegría, miedo, tristeza e ira ante situaciones similares, a todos nos gusta sentirnos queridos y reconocidos. Me pregunto por qué, siendo todos tan iguales, nos empeñamos tanto en querer ser diferentes y mejores a los demás ("en España se come mejor que aquí"; "vuestros países parecen interesantes, pero como en California en ningún lado", "los vietnamitas son asiáticos salvajes"; "los chinos son unos imperialistas"...). El nacionalismo sirvió en el pasado para unir pueblos bajo una misma nación, para hacer de la identidad un aglutinante. Hoy, sin embargo, es un obstáculo para unir a los pueblos en una sola humanidad.  Hace tiempo que transcendí el concepto de nación, de fronteras, para pasar a sentirme un ciudadano más del mundo, del universo. Nada me hace mejor que a nadie y siempre defenderé que en la diversidad está la riqueza. Ya no es necesario hacer de la diferencia una barrera, sino todo lo contrario: ha de ser una relación para sumar. Espero poder hacer llegar esto a tantos niños como sea posible. 
Las emociones constituyen un lenguaje universal
Estas son tan solo algunas de las reflexiones que me llevo de este experiencia. Ha sido muy enriquecedor descifrar las enseñanzas que ocultaban estos niños y me siento agradecido hacia cada uno de sus corazoncitos, que ahora llevo conmigo para siempre. Espero que ellos hayan aprendido conmigo tanto como yo he aprendido de ellos y espero ver algún día en qué personas adultas se  han convertido. Ahora toca descansar unos días antes de emprender rumbo hacia mi próximo destino: Kenia. ¿Qué enseñanzas me deparará?


2 comentarios:

  1. Great observation, Emilio. I enjoyed reading your blog. Thank you google translate :)

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    1. Thank you for reading, Andrea. I hope Google Translate did a good job ;) It was great sharing this summer experience with you. Take care.

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