Educarte para valorarte

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domingo, 7 de agosto de 2016

El vuelo africano

"Creo que la única obligación que tiene el hombre en la tierra es realizar sus sueños. 
Y el mío, en esos momentos, estaba en el corazón de África." 
Javier Reverte

Los sueños son energía para continuar hacia delante. Nos mantienen vivos. Sin embargo, si no los perseguimos, pueden convertirse en cadenas que nos impiden volar. Es cierto que nos mantienen despiertos, pero pueden quedar relegados a ser eso, sueños.  ¿Por qué aún sintiendo ese deseo de volar permanecemos a menudo inmóviles, casi paralizados? Puede que uno de los motivos sea el hecho de que por aquellos sueños vagabundeamos con la mochila cargada de voluntad, esperanza, ilusión y confianza en la posibilidad de cambiar la realidad y que, cuando despertamos, nuestra mente nos encarcela entre muros inmóviles condenándonos a una de las más lentas, sutiles y demoledoras enfermedades, el miedo. ¿Qué tal si lo abrazamos y lo tratamos con cariño? Me niego a estar condenado eternamente a tan solo soñar. ¡Quiero volar!

Estoy seguro de que a todos nosotros nos han dicho más de una vez: "ten cuidado con  lo que deseas, porque puede hacerse realidad". Y cuando un sueño está a punto de cumplirse - a tan solo unas horas de hacerlo -  las emociones se hacen más reales que el propio sueño.

Así dibujaba África hace 9 años:


El vuelo africano

No tenía la menor idea de que unos años más tarde la vida me daría alas para emprender mi propio vuelo africano, para aterrizar en Safisha Africa Welfare Foundation, Nairobi.  Parto a Kenia con una mochila cargada de amor, ilusión, pasión y miedo, bastante miedo. Pero es que el miedo puede ser fascinante, sobre todo, cuando te empuja a romper con esas cadenas que mencionaba antes y, tímidamente, libera tus nuevas y torpes alas para alzar el vuelo. En ella también va la incertidumbre, el no saber qué esperar, qué me encontraré, qué viviré, a quién conoceré, pero ese es precisamente el combustible que me permite despegar hoy, a las 17:40 h rumbo a Nairobi.

Quiero agradecer a todo el mundo que ha depositado su confianza en mí y que ha creído en el proyecto en el que estaré inmerso durante los próximos 25 días. Sobre todo, quiero dar las gracias a Raisa, por acompañarme en este vuelo; a Aina, por ser mi fuente de inspiración; a Ana, por tener la generosidad de donar una parte de su infancia a los niños y niñas kenianos; a María Luisa Fernández, por ser una fuente de energía que me inspira y me da fuerzas para volar y cumplir mis sueños; a María Lemos, por todo lo que de ella he aprendido acerca de este continente; a Sarita, por dar vida al elefante Dida, quien está ansioso por conocer a sus nuevos amiguitos; a Laura, por contribuir a que los niños den color a sus vidas y, por último, a Conchita, María, Lucía, Ana y Carmen por vuestras aportaciones económicas, que contribuirán, sin duda, a mejorar las vidas de otras personas. 

Amigos, parto a Safisha Africa Welfare Foundation, un proyecto acorde con mis valores y mi sentir; un proyecto que lucha por que cada niño tenga el derecho a realizar su propio viaje, a soñar, a volar, a recibir una educación sin importar donde haya nacido. No todo en el mundo podía ser tan malo como nos lo venden. Volveré para contarlo.

Ahora...

¡A volar!


1 comentario:

  1. Emilio todos los que tenemos la suerte de conocerte, te acompañamos un poco en tu viaje. Gracias por compartir tu experiencia, un abrazo y mucha suerte en tu aventura. La misma que tendrán los que te disfruten estos dias.

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