Educarte para valorarte

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jueves, 1 de mayo de 2014

Errar para aprender

«Equivocarse es humano y rectificar es de sabios».

¿Cuántas veces habremos oído esta acepción? Si tan convencidos estamos de que equivocarse es de humanos, ¿por qué en la escuela se castiga y penaliza siempre?

Hoy mi entrada va dedicada al ERROR, ese temido ser que nos atemoriza, avergüenza y cohíbe.

Llamadme rebelde. Llamadme moderno. Llamadme loco. Llamadme lo que consideréis oportuno, pero yo defiendo una educación en la que no solo no se penalice el error, sino en la que éste sea premiado. Considero que la única y verdadera forma de aprender es fallando y más aún cuando estamos aprendiendo una lengua extranjera. Por este motivo, en la entrada de hoy quiero compartir con vosotros cómo premio yo el error en mis clases y qué resultados tiene (o ha tenido en mi poca experiencia como docente).

Toda esta filosofía que me he creado alrededor del error surgió cuando durante mis clases vi que a mis alumnos les parecía gracioso que compañeros suyos tuviesen fallos como el de escribir «coffe», en lugar de «coffee» en inglés. Mi primera reacción ante esta situación fue intentar hacerles ver que el error ha de ser y es una parte integrante del proceso de aprendizaje. El camino que debemos seguir para hacérselo ver es el de una pequeña reflexión a través de preguntas y respuestas. Así fue cómo me surgió a mí en el aula:

Profesor: ¿De qué os reís? ¿Qué resulta tan gracioso?

Alumnos: ¡Que ha escrito «coffee» con una –e!

Profesor: Ajá. ¿Y qué tiene de gracioso ver «coffee» con una –e?

Alumnos: ¡Pues que es un error muy tonto y gravísimo!

Profesor: ¿Tonto? ¿Gravísimo? ¿Ha muerto alguien?

Alumnos: No…

Profesor: ¿Habéis captado el mensaje que vuestro compañero os quería transmitir con la oración que ha escrito en el encerado?

Alumnos: Sí.

Profesor: Entonces, la falta de esa “-e” al final de la palabra «coffee» no era tan fundamental. Ha sido capaz de comunicar su mensaje y vosotros lo habéis entendido a la perfección. ¿Dónde está la gravedad del asunto, pues? El objetivo de una lengua es comunicarse, chicos. Y vuestro compañero lo ha conseguido, así que deberíamos felicitarle.

Alumnos: [Mudos]

Profesor: Una pregunta, chicos. ¿A qué venís a la escuela?

Alumnos: A aprender.

Profesor: ¿Y cómo se aprende?

Alumnos: Estudiando.

Profesor: Muchas veces estudiáis, escupís lo que habéis estudiado y luego no os acordáis. ¿Eso es aprender?

Un alumno: ¡Cometiendo errores!

Profesor: ¡Muy bien! Chicos, nadie es perfecto. Todos cometemos errores, incluido yo, el profesor, el todopoderoso, el que todo lo sabe (con tono de ironía). Si ya lo supieseis todo, no tendríais que venir a la escuela a aprender y, como la única manera verdadera de aprender es cometiendo errores y rectificando, no quiero que nadie vuelva a reírse de un compañero cuando falle, pero que tampoco tenga miedo a equivocarse. Para poder ser capaces de hablar en una lengua extranjera tenéis que perder el miedo y ser conscientes de que la perfección no existe. ¿O habláis todos perfectamente el castellano? Esto lo tenéis que aplicar a todos los aspectos de vuestra vida, no solo al inglés. 

Un alumno: Entonces, estás diciendo que saber las cosas es malo y que el no saberlas está bien.

Profesor: No, que sepas las cosas es genial, pero para saberlas has tenido que aprenderlas, y aprender lleva implícito fallar. ¿No te caíste muchas de veces de la bici cuando estabas aprendiendo a montar en ella?

Otro alumno: Lo que dices es totalmente cierto. El problema está en que nos han educado en lo contrario. A mí si cometo un error cuando salgo al encerado, otros profesores me echan la bronca o, si suspendo un examen, a pesar de haber estudiado, mis padres me castigan o me echan la bronca  ¿Qué quieres que piense entonces?

Y he aquí el gran problema. ¿Qué debía responder yo a este alumno?

Una vez transcurrida esta conversación, decidí trabajar con el error como algo positivo durante el resto de clases. He aquí algunas formas en las que podemos hacer ver a nuestros niños que el error es una oportunidad extraordinaria para aprender:

1. Muéstrate como uno más. ¿Os acordáis de lo que ya he dicho en otras entradas acerca de mostrarse cercano a los alumnos? En numerosas ocasiones, yo mismo escribía palabras con errores ortográficos en el encerado para hacerles ver que «el todopoderoso» también se equivoca y, lo que es mejor aún, ¡no pasa absolutamente nada! He de decir que me resultaba gracioso escuchar los murmullos que surgían al instante de poner algo mal escrito en el encerado.

2Premia la participación, no las respuestas. Hazles ver que lo importante es, y más en una clase de lenguas extranjeras, que se lancen a hablar y a participar. Lo importante es que aprendan a comunicarse, a transmitir mensajes y no frases artificiales gramaticalmente correctas. 

3. Reírse con él, no de él. Debemos enseñarles a reírse con sus compañeros para dar un clima más ameno al aula, pero no a reírse de sus compañeros. Esto minaría su autoestima y, por lo tanto, su miedo a lanzarse a hablar.

4. Hacerles ver el error como un puente hacia la respuesta correcta. A través de preguntas y respuestas como las del comienzo, debemos hacer llegar al alumno a la respuesta adecuada. De esta forma vivirá el error como el primer paso que hay que tomar para llegar a la meta, que es el aprendizaje.

5.Hacerles reflexionar acerca de lo que les estamos pretendiendo transmitir. Una vez hecha la reflexión inicial, procedí a llevar citas de personas con éxito que versan sobre el error para que reflexionasen oralmente entre todos acerca de ellas: «Failure is simply the opportunity to begin again, this time more intelligently. Henry Ford.» (El fracaso es una gran oportunidad para empezar de nuevo de forma más inteligente) y «I failed over and over again that's why I succeed. Michael Jordan.» (He fracasado una y otra vez en mi vida, por eso he conseguido el éxito). ¿No os parece una manera interesante de plantear un debate en clase en el que los alumnos practiquen sus destrezas orales a la vez que adquieren otra clase de contenidos transversales?

6. Compartir el error. Esto contribuirá a crear un ambiente de comunidad en el aula, donde se respiren aires de solidaridad y compañerismo. Sé que suena muy poético e idealista, pero no es tan difícil de llevar a cabo. Cuando hacemos una pregunta a uno de nuestros niños y éste no sabe responderla, podemos decirle que elija a uno de sus compañeros para que le ayude a contestar y, cuando éste le haya ayudado, felicitar a ambos por haber llegado juntos a la respuesta correcta. ¿Veis como no era tan difícil? ;)

7. Corregir en verde y sumar aciertos en lugar de restar errores. Esto es algo que me he planteado muchas veces, pero que nunca he aplicado y no estoy seguro de la eficacia que puede tener. Todos sabemos las connotaciones que el color rojo lleva implícitas (nos recuerda a lo prohibido, a aquello que está mal). Si lo que queremos es premiar el error, no tiene mucho sentido que utilicemos este color a la hora de corregir exámenes, deberes, etc. ya que, una vez más, estaremos haciéndoles ver a nuestros alumnos que el error es algo malo. En cambio, creo que utilizando el color verde la visión puede ser bastante diferente, ya que sus connotaciones son más positivas. Además, la forma de corregir las pruebas también puede modificarse. En lugar de empezar desde 10 e ir descontando errores hasta llegar a 0, sería interesante empezar desde 0 e ir sumando aciertos hasta llegar a 10. El resultado sería el mismo, pero con la diferencia de que esta nueva modalidad lleva implícita el refuerzo positivo y que el error no es castigado.

He ahí mi visión acerca del error y cómo considero que deberíamos premiarlo. Haced ver a vuestros niños que el error es una oportunidad de aprendizaje excelente, no los eduquéis para que nunca fallen. Esto también contribuirá a su inteligencia emocional, ya que aprenderán a gestionar su frustración ante el fracaso. Lo importante no es el error que hayan cometido, sino el hecho de que sean conscientes de que lo han cometido y que lo aprovechen para lograr un aprendizaje significativo.


Erra y aprenderás.

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